Conversaciones con Frida vol.I

 

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Caminaba yo distraída, absorta en mis pensamientos, imaginando atrevidos looks de invierno, cuando algo llamó a mi yo más instintivo. Y a los instintos no puedo evitar prestarles atención porque una es apenas piel e instinto. En un primer momento no supe qué me llamaba de aquella persona. Pero en seguida lo tuve claro. Si llevo soñando contigo una semana. Me acerqué con absoluto descaro, porque una va perdiendo de todo en la vida y yo últimamente he perdido la vergüenza, me acerqué como digo y miré fijamente a los ojos a aquel ser maravilloso.

— Tú eres Frida, le dije.

—Y tú eres una perra, me contestó.

— Frida, cariño, deja de decir obviedades y préstame un poquito de atención.

Mi descaro la dejó un poco fuera de juego y yo aproveché la circunstancia para usar mis más refinadas armas de seducción perruna.

— No lo preguntes, dije.

— ¿Qué no pregunte el qué?

— Lo que ibas a preguntar, lo que estaba a punto de salir de tus labios. No preguntes ¿Por qué sabes que soy Frida? Yo tengo un sexto sentido para la belleza y la tuya la reconocería en cualquier lugar del mundo, a través de mil vidas pasadas o futuras. Llevo una semana soñando contigo, sabía que era inevitable nuestro encuentro.

Para entonces su rostro había dibujado una curiosa mueca entre la curiosidad y la incredulidad.

— Cómo sois las perras, añadió divertida.

— No me importa que me llames perra, pero ¿por qué no pasamos de lo genérico a lo concreto? Sí, soy una perra, pero me llamo Martina.

— Mucho gusto Martina, yo ya no soy nada genérico, ni una pintora, ni una activista política, ni una poetisa, ni una paralítica, ni siquiera una mujer, yo ya solo soy Frida, Frida Kahlo.

— Vamos, un icono de la cultura contemporánea.

— Bueno, eso depende, porque muchas veces no sé si la cultura contemporánea es cultura o marketing. Me veo casi más como un souvenir que vender a los incautos.

— ¡Con lo que tú has sido!

— ¡Y soy! Y eso es lo que me jode, que la velocidad de este mundo no deje ver mis luchas, mis conquistas, mis dolores, mis desgracias, mis reivindicaciones, que solo deje ver a una tía con flores en la cabeza y una sola ceja.

— Es que con lo de la ceja fuiste muy valiente.

— Lo de la ceja es una anécdota, una simple rebeldía contra los cánones de belleza impuestos. Pero esa no fue mi única ni mi mayor rebeldía.

— ¿Y no crees que estás tan de moda precisamente porque tus luchas están dando fruto?

— Sí, pero me preocupa que todo eso se quede en la más absoluta superficie, que sea una moda pasajera y epidérmica. Yo soy una revolucionaria, siempre quise zarandear los cimientos de esta sociedad. No viví para que los mojigatos se escandalizaran, viví para que todo cambiase. Y el mundo no cambia desde las portadas de las revistas, cambia tomando las calles, llevando nuestra libertad y nuestra diversidad a todos los rincones de la tierra.

— Qué profunda y qué radical eres…

— O eres profunda y absolutamente tú o aceptas que te pongan el disfraz de otro. No hay alternativa. Y la vida es tan corta para andar escondida tras un disfraz que no te gusta…

— Voy ahora mismo a ponerme flores en la cabeza.

— No, no hagas eso, eso ya lo hice yo. Haz algo que nadie se espere, que nadie más que tú entienda, hazlo con seguridad, con alegría, con convicción, ya verás como todos te siguen, tú no has nacido para copiar, sino para crear, para enarbolar la primera bandera de la moda, so perra.

— Bueno, me estás abrumando. Una cosa sí quería decirte, de perra a perra… este cuerpo que te has buscado me hace aullar.

— Ahora que una ya no es carne mortal puede elegir en dónde posa su encanto y hoy ha tocado Flavio.

— Que te toque Flavio debe ser como que te toque el euromillón…

— Qué me gustas, perra… Martina ahora tengo prisa, pero da por seguro que nos volveremos a encontrar con más tiempo, con más ganas, con más vida.

Y movió con elegancia sus brazos y cojeó un poco mientras se perdía entre aquel paisaje dantesco de destrucción por callejuelas sin nombre. A su paso el aire iba quedando como más liviano, más respirable. Y su imagen, quedó grabada en mi mente a fuego. De repente me entraron ganas de hacer estampitas y repartirlas por ahí, Frida Kahlo, una santa atea y revolucionaria acaba de aparecérsele a una perra. Me sentí una radical como ella.

 (Gracias Miguel Acosta por la belleza de tu texto)

Fotografía: Alejandro Correa

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